
Es de madrugada. Las palmeras se mueven levemente, recortadas contra el cielo oscuro esperando el primer haz del astro solar. Es tan solitaria la calle a esta hora. Pienso que no hay nada más bello que esta soledad imponente. Pienso que sería tan lindo si lloviera. ¿Has oído el sonido de la lluvia al caer?
Es jueves ya. He llegado a casa de madrugada y algo más. He preparado café sin azúcar, aun quiero prolongar esa sensación áspera y amarga del cigarrillo que he fumado. He encendido la computadora tan sólo para ver tu rostro, unas quinientas veces.
He sonreído quinientas veces. Me he entristecido quinientas veces también.
He pensado que no es muy sensato hacer todo lo anterior, especialmente eso del quinto párrafo. He pensado también que me llega altamente el párrafo anterior, pues la sensatez en estos días anda huyendo de mí.
He bebido el café, ahora frío y amargo. He apagado la computadora. He arrojado el resto de café por el lavadero. He querido también arrojarme por el lavadero, pero mi tamaño y mi estado no-líquido me lo han impedido, por eso me alivio arrojando mis lágrimas que sí son líquidas.
He ido a mi cuarto, he encendido la luz, he notado mi soledad y lo anchurosa y fría que puede ser mi cama, lo anchurosa y fría que será ahora mi vida. He dejado de escribir todo esto en mi mente. He apagado la luz. He notado lo oscuro que está todo. Lo oscuro que puede ser todo, así se ande de día o de noche.
He querido cerrar los ojos y no pensar en nada, ni en lo oscuro. He aplastado mi rostro en la almohada y me he dicho muy bajo: todo pasará, pronto te marcharás –por segunda vez- por ese lavadero, como mis lágrimas. Todo pasará, pronto, pronto.
Adiós.



..pense q ya no escribirias mas!! que penita q sts triste..si kieres hablar o algo podemos salir...como antes, recuerdas??
ResponderEliminarbesitos